Brasil/fem!Uruguay - College AU.
Sebastiana despierta, con los ojos abiertos como los de una lechuza, con las primeras notas de una bossanova y luego, el estruendo de agua cayendo al suelo. Ni siquiera sabe cuál fue primero, sólo sabe que la voz que ahora grita maldiciones allá afuera se le hace sospechosamente familiar.
Con torpeza (porque, más que mal, estaba dormida) se coloca la bata al salir de la cama y corre en pantuflas a asomarse a la ventana. Su primo Martín ya está allí, con una bolsa de palomitas en mano y riéndose mientras mira a Luciano en el aparcamiento, intercambiando palabrotas con la vecina del departamento de junto.
Sebastiana suspira en desaprobación cuando lo divisa, empapado y furioso, una guitarra en la mano. Ignorando a Martín, que parece estar divirtiéndose de lo lindo, se da media vuelta y va por una frazada antes de bajar por las escaleras.
Luciano ni la ve venir, pero siente algo cálido sobre sus hombros. Y al voltear y verla a ella, su corazón se acelera. No habría esperado menos gracia de ella.
—Era una serenata —señala Luciano la guitarra, con una sonrisa. Sebastiana niega con la cabeza.
—Sos un descuidado —con una mano en su espalda, Sebastiana lo guía hacia las escaleras para subir al departamento. No puede evitar una pequeña sonrisa—. Fue un bonito detalle.
—Mientras duró —ríe Luciano.
—Mientras duró —asiente Sebastiana. Y ya arriba, con un mate en la mano, escuchará la canción completa.
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Perú/Chile - Batman AU.
—Oh, no, no, no —es lo único que Miguel puede decir cuando siente el golpeteo en su ventana, un día viernes por la noche a las cuatro de la madrugada. Porque la vida es injusta y nadie toma en cuenta que estuvo trabajando de sol a sol toda la semana en la sala de emergencias del hospital. Como si ser médico sólo fuese sentarse a jugar con juguetitos de escritorio, carajo.
De mala gana, amontona el cobertor y las frazadas a un lado (tres de ellas, porque no logra aclimatarse al frío de Santiago) y camina medio dormido hacia su ventana, arrastrando los pies y rascándose el trasero. Apenas quita el seguro y la desliza hacia arriba, un hombre cae al suelo de su habitación, haciendo ruido de saco de papas al azotar el piso. Es indistinguible tras la capa negra que lo envuelve.
—Manuel —Miguel gruñe, ayudándolo a sentarse en el suelo. Lo primero que ve en el pecho de su traje es el símbolo del murciélago con un tajo largo atravesándolo, manchando la tela con sangre—. ¿Y ahora qué mierda fue?
—Contrabandistas en el puerto —Manuel se quita la máscara, revelando su rostro moreteado y jala a Miguel del cuello de su pijama para acercarlo a él. En respuesta, Miguel le jala la oreja y antes de que Manuel pueda reaccionar, lo toma de las mejillas para plantarle un beso brusco.
—Si serás conchudo, ¿cómo se te ocurre? —murmura Miguel contra sus labios, apenas un momento, sus dedos rozando la herida en el pecho de Manuel. Se separa de él sólo para ir en busca del botiquín y su maletín médico—. Eres un estúpido, Manuel, no tengo ni idea de por qué tienes que insistir en seguir con esta mierda. Hay otras formas de ayudar, ¿sabes?
Manuel lo sigue con la mirada, en silencio, demasiado cansado y adolorido para discutir el sermón de Miguel.
—Él me contactó, él me aprobó cuando supo de mí —cierra los ojos y por un instante, por un segundo, la imagen de Batman se le viene a la mente, con la capa al viento sobre el techo de un edificio, aquel día que lo hizo parte de su organización. Batman Inc es, a ojos de Manuel, más que un simple conglomerado de hombres y mujeres vistiendo capas—. Este es mi deber, Miguel.
—Manuel —Miguel se agacha frente a él, sus ojos usualmente amigables ahora severos por la preocupación—. Ya no eres un poli. Súperalo.
Manuel ríe.
—No, ahora soy más que eso. Soy un símbolo.
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Paraguay/Uruguay - Heroes AU.
Daniel rara vez pisa terreno y cuando lo hace, es porque alguien ha recibido una paliza tan épica que moverlo hacia el cuartel es demasiado arriesgado para su integridad física. Sus compañeros tienen un talento impecable para quedar completamente destruidos después de cualquier campaña para combatir amenazas y Daniel tiene el deber moral y la responsabilidad de parcharlos. Después de todo, ese es su don. No hay planta que no florezca ni herida que no sane cuando se trata de él, porque sus manos son capaces de solucionarlo todo.
—¿Mal día? —pregunta, apenas llega al sitio donde Sebastián yace en una camilla. Daniel se agacha a su lado y abre su camisa, para examinar la herida que cruza su pecho. Le advirtieron que sería grande, pero le alegra ver que esmenos de lo que se imaginó.
—Pésimo —masculla Sebastián. Tose un poco de sangrar, lo cual lo hace arrugar la nariz en profundo disgusto. Daniel sonríe, porque ver que Sebastián sigue tan impecable como siempre es una buena señal. Le alcanza un pañuelo y limpia el borde de su boca, antes de ponerse a trabajar.
—Es bueno ver que aún tienes ánimo —extiende el pañuelo por el borde de sus labios, alcanzando también su mentón. Se detiene un momento y luego, con suavidad, acaricia la mejilla de Sebastián un momento—. Te vas a poner bien, yo me voy a encargar de eso.
—Sos un sobrado —bromea Sebastián, sus ojos cerrados al percibir la caricia. Daniel ríe.
—Lo sé.
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CUTE KASIFICS AND AUS those are super sweeet ;aa; POOR SEBI. AND MANU IS STILL INSANE. AND MARTÍN IS A TROLL. I love all...
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